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Notas de opinión

El pacto del retrovisor

A finales del pasado mes de febrero el gobierno central presentó una nueva versión de su propuesta de pacto social y político para afrontar los problemas de la educación, asunto que se conoce como “pacto de estado para la educación”. Entre sus muchos objetivos destacan la reducción del abandono escolar en los estudios obligatorios, hacer que más alumnos continúen estudiando después de finalizarlos, mejorar la preparación previa al bachillerato, fomentar la formación profesional, potenciar la atención a la diversidad, incrementar las becas y reforzar la financiación. Hasta aquí muy bien y muy de acuerdo.

En los medios de comunicación se suceden declaraciones que coinciden en la necesidad de este pacto y los principales invitados a suscribirlo (administración central, gobiernos autonómicos, partidos políticos y agentes sociales) hablan de conseguir el consenso. Sin embargo no es obvio que todos estén de acuerdo con el alcance real e implicaciones de las medidas ni que las interpreten de la misma manera. Me parece aún menos obvio que puedan coincidir en la forma de aplicarlas, puesto que el texto es completamente opaco al respecto. Esto retrotrae a ciertos vicios del pasado, dos de los cuáles constituyen el objeto de esta Nota.

En primer lugar quisiera señalar que compartir el objetivo genérico de mejorar la educación (¿quién puede decir que no lo comparte?) no es incompatible con el enorme recelo que suscita la indefinición en el plano económico. Aunque al final de la propuesta hay una referencia a la financiación en términos de una imprecisa equiparación a la Unión Europea en relación al porcentaje del PIB destinado a educación, en mi opinión es inaceptable (no deseo exagerar, no es el estilo de estas Notas) que un documento que propone nada menos que 137 medidas no incorpore una memoria económica pormenorizada, susceptible de ser analizada y discutida, de manera que los eventuales firmantes del pacto, los profesionales de la educación y la propia opinión pública puedan conocer detalladamente el alcance real de lo que se lleva entre manos. El punto 137 y último afirma que la valoración económica de lo que cuesta el conjunto de actuaciones se hará a resultas del propio pacto, de manera que entonces se podrá conocer lo que deberán aportar la administración del Estado y las administraciones autonómicas. Lo repito: ¡en aplicación del pacto se estudiará lo que cuestan las medidas y las actuaciones que propone el pacto!

La urgencia de pactar sin saber el coste ni como éste se reparte (y no entro en el asunto nada trivial de cual será la incidencia en la LOE y en otras normativas vigentes) parece indicar que en este momento lo prioritario es escenificar que se comparten objetivos y proyectos para una hipotética mejora de la educación, generar titulares y hacerse las fotos, en lugar de centrarse en lo sustantivo, en concreciones de dinero, método y calendario, asuntos de los cuales ya se hablará más adelante o en su caso se impondrán (aspecto en el que ya se sabe quien saldrá ganador). Esta falta de seriedad “typical spanish” lamentablemente evoca las leyes educativas de la democracia, que no han tenido los recursos precisos para hacerlas efectivas, de lo que en buena medida proceden los males actuales. Dada la triste historia de la financiación de la educación en España, lo procedente, al menos por una vez, ¿no sería establecer conjuntamente los objetivos, las medidas concretas y los términos económicos y organizativos precisos para hacerlas efectivas?

Además, aún suponiendo que las partes se comprometen sinceramente a cumplir lo estipulado, hay motivos sobrados de inquietud acerca de si podrán hacerlo. La actual situación de las finanzas públicas y de la economía en general hace todavía más exigible que se detalle previamente y de manera realista el coste de lo que se pretende llevar a cabo y la manera de hacerlo efectivo. Este último aspecto no es en absoluto trivial, dado que el lenguaje voluntarioso e intrusivo de la propuesta tiene un claro trasfondo de LOAPA educativa, lo que se acentua por el hecho de que algunos de los eventuales firmantes quisieran que por este medio la administración central recuperara, al menos de hecho, competencias transferidas.

En cierta manera es inevitable pensar que conseguir los objetivos que se pretenden se hace más difícil precisamente por la inconsistencia con que se plantean. Este es precisamente el segundo “vicio del pasado” que deseo comentar: los objetivos del documento son inseparables del lenguaje en que se formulan y este se aviene poco con la construcción del futuro. Por una parte el sistema educativo se presenta como un ente desvalido, saturado de problemas y necesidades, y por otra se da a entender que una serie providencial de actuaciones lo va a resolver todo. La profusión en el empleo de términos como "ampliaremos, adoptaremos, promoveremos, incrementaremos, priorizaremos, estableceremos, organizaremos" transmite el mensaje de un Plan Marshall educativo bienhechor y paternalista. Me parece grave, y lo lamento, que la propuesta del Ministerio de Educación pase por alto que la arquitectura social del siglo XXI se serviría mucho mejor poniendo el énfasis en la liberación del potencial existente en las comunidades educativas y en el despliegue de todas sus capacidades.

A mi entender, una estrategia con auténtica proyección de futuro debería dejar bien claro que la superación de las disfunciones depende sobre todo de la capacidad emprendedora local, de la aplicación autónoma y comprometida del conocimiento individual y colectivo y del uso flexible y discrecional de los recursos. En lugar de un plan intervencionista pergeñado con la mirada puesta en el retrovisor ("nosotros hacemos, vosotros seguís nuestro juego"), lo más prometedor y productivo en los tiempos actuales sería potenciar las iniciativas y las dinámicas locales mediante colaboraciones en red y aportaciones de recursos específicos y conocimiento experto, todo ello proporcionado de manera estimulante, suportiva y humilde.

La mejora real de la educación de hoy precisa menos de paquetes exhaustivos y empachantes de medidas que de visiones de futuro y principios de conducta individual y colectiva que puedan ser interpretados, adaptados y puestos en práctica por profesores que conocen a sus alumnos y su realidad, que trabajan de manera sensata, organizada y eficaz bajo un liderazgo dinámico y proyectado al futuro, en centros que disponen de medios suficientes y que rinden cuentas a la sociedad de manera equilibrada y productiva. Aunque estoy convencido que los impulsores del pacto no lo pretenden, la actual propuesta fomenta el asentimiento y la pasividad mucho más que la diligencia, el compromiso y la voluntad de tomar el timón y modelar el futuro con las propias manos. Y mientras se precisan años para hacer efectivas las medidas previstas en el pacto y se conceden aún más años para ver sus resultados e investigar porqué no ha funcionado, las burocracias gubernamentales (y otras simbióticas a ellas) habrán logrado otra vez su objetivo real y prioritario, que no es otro que acaparar poder y perpetuarse a sí mismas.

 

Ferran Ruiz Tarragó. Autor de "La nueva educación", Premio de Ensayo 2006 de la Fundación Everis.

 

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1 comentario

Ángel -

¿Cuando la administración escuchará a personas sensatas como usted?.

Jamas se nos ha preguntado nada a los trabajadores de las trincheras educativas ,jamas la administración sea del tipo que sea se interesa por nuestra salud y calidad de vida como docenes.La visión que incluso potencia la administración es que no hay quien viva como nosotros.

Miren esto , comprenderán de que hablo y la situación dantesca ,mucho peor de lo que muestran las imagenes,en la que se encuentran multitud de docentes en programas de pcpi donde los "insultos al profesorado,blasfemias, reirse del docente etc" son el pan nuestro de cada día.¿ qué haces con estos alumnos que tienen a sus espaldas cientos de apercebimientos y que ningún profe los quiere en sus aulas? Todos para pcpi o centros como el que aparece en lel documento que es lo mismo.

Esto funcionaría si realmente desde la misma administración se creyera en ello , pero no es asi

¿De dónde viene este fracaso?¿Cual es la relación docente ,padre,hijo? ¿Qué impera en esta relación? ¿Facilita la sociedad dicha relacion o la dificulta?

http://www.rtve.es/alacarta/#670276

¿Cual es el horizonte de nuestra felicidad ? decía Gonzalez Lucini en el documento 2 para la reforma logse Alhambra logman.Creo que todavía nos lo continuamos preguntando .No vemos lo que está delante de nuestros ojos
cγνωθι σεαυτόν.Pienso que casi todo está inventado y continuamos en un circulo de yo, yo, yo ,yo, yo individual e institucional y deberíamos de cambiarlo por un nosotros , es decir ser solidaridarios en el compartir , y en la colaboración.

Cuando se olvida que cualquier disciplina educativa debe de generar felicidad ,mal vamos.En un mundo en el que se habla de resilencia,ecología de saberes,conocimiento multidisciplinar solidario, visiones creativas etc..todavía caminamos sin rumbo, somos como ese pez que preguntaba a otro pez "oye puedes explicarme que es el agua".

La solución a los problemas está ante nosotros y no la vemos pues tenemos los ojos llenos de egoismo.

Reeducación paterna, fundamental. ( ejemplo : vuelta de padres a las aulas de pcpi y bonificaiones a las empresas y a los padres que colaboren.A los padres les daríamos más beneficios sociales , no pensemos siempre en negativo ( retirada de puntos DGT.) Padres e hijos en un proceso de solidardad.Hoy muchos niños se encuentran sin sus padres, por motivos laborales y estos sin un libro de instrucciones que les diga que es lo que tienen que hacer para que sus hijos sean ciudadanos responsables,solidaros y justos con ellos mismos , con los otros y con el planeta.

¡Que locura !.


La opinión de un profe de la calle
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