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Notas de opinión

Aves de paso

Hace unas semanas la directora de un instituto me comentaba que se le negaba la posibilidad de examinar los planos del edificio que, una vez esté construido, alojará el centro que dirige. Ella sólo solicitaba consultar unos planos que ya están elaborados. No se quejaba de haber sido excluida del diseño del nuevo centro, proceso en el que no ha tenido ni la más mínima posibilidad de participar. Lo que le dolía y lamentaba es que, una vez elaborado el proyecto constructivo, ni siquiera se le hubiera querido "conceder" la oportunidad de ver los planos del edificio. Francamente, cuesta aceptar que la representante de la comunidad educativa destinataria de una obra pública de envergadura no pueda disponer de unos planos ya hechos para analizarlos internamente con su equipo y en su caso pedir aclaraciones y hacer aportaciones, o simplemente, pensar como podrá sacar el mejor provecho posible de las nuevas instalaciones. Con el sistema o la mentalidad de gestión actual no es posible.

Una de las "justificaciones" que se le han dado en relación con esta negativa es, dicho sea con sus propias palabras, "que los directores y las directoras son aves de paso, que van y vienen por los centros y no fuera que lo que caprichosamente elige uno, el siguiente ya no hiciera uso". Esta apreciación desvela que este no es un caso aislado, lo que por otra parte no cuesta nada constatar. También pone de manifiesto que entre los servicios administrativos y técnicos competentes en este ámbito y los directivos de los centros educativos (y, con ellos, la comunidad educativa que representan) se ha construido un muro infranqueable y opaco. Si se tratara de un equipamiento público como un hospital o una prisión, ¿se daría este nivel extremo de exclusión de una parte? ¿Se puede concebir algo parecido en el diseño de un centro educativo privado?

No estoy insinuando que haya "barra libre" para las peticiones de los directores o un campo abierto a las interferencias de las comunidades educativas y locales.Está claro que todos los especialistas implicados (planificadores, arquitectos, diseñadores, contratistas, supervisores, etc.) deben hacer su trabajo siguiendo normas precisas y que deben entregar productos bien acabados,  de acuerdo con los requerimientos técnicos, de calendario, económicos y procedimentales aplicables a cada caso. Nadie pone en duda la complejidad de su trabajo, ni su solvencia profesional, ni que deben actuar siguiendo los protocolos establecidos. Cada agente que interviene en un proceso de construcción escolar debe asumir sus responsabilidades y tomar las decisiones que le corresponden. Sin embargo esto ha de poder ser compatible con la presentación y la justificación de los proyectos, con el diálogo abierto entre los representantes de los diversos intereses que confluyen en un equipamiento social de gran magnitud y con la discusión de las observaciones y propuestas de los "clientes-futuros usuarios", partiendo de la base que pueden ser del todo acertadas y oportunas a pesar de no proceder de expertos. Los responsables de los proyectos les corresponde flexibilizar posturas, armonizar intereses y en último término decidir sin aumentar los costes.

En resumen, nada debería impedir que hubiera un diálogo amplio y articulado entre todas las partes y en ningún caso se debería rechazar la pretensión de los centros de estar informados y de poder hacer aportaciones a los proyectos que les afectan. Encuentro del todo inaceptable que se menosprecien las direcciones de los centros y, implícitamente, todo lo que representan. Además, hoy en día, este modo de proceder no se corresponde con las políticas de promoción y refuerzo del liderazgo en los centros educativos ni de desarrollo de la autonomía de estos, a no ser que se tenga una visión muy blanda e instrumentalizada de la autonomía.

Esta problemática es especialmente relevante ahora que, día a día, va creciendo la conciencia de que el modelo escolar de la era industrial se ha quedado muy envejecido y que superar las disfunciones requiere grandes dosis de iniciativa, liderazgo y flexibilidad, cosas que en su vez exigen respeto por los proyectos, las realidades, los saberes, las visiones y las opciones locales. Tal como intenté explicar en pocas palabras en el artículo "Por una transformación del diseño escolar" (Escuela, núm. 3777, 21/02/2008), la configuración tradicional de los edificios escolares es una manifestación bastante expresiva de este envejecimiento. En esta línea, en el libro "La nueva educación" (LID Editorial, 2007) dediqué todo un apartado a la "cuarta transformación" del sistema educativo, la de la arquitectura y el diseño escolares. Uno de los elementos de mi argumentación era la importancia de preguntar la opinión de los "clientes" en las cuestiones relativas al diseño de los edificios escolares. Aunque los proyectos de construcción sean encargados y pagados por las administraciones educativas, los directores y directoras de los centros son los verdaderos representantes de los clientes de estos proyectos y no es admisible que queden excluidos.

El caso que ha motivado este post parece indicar que no hemos avanzado demasiado. Pero no costaría mucho hacerlo; ciertamente no es una cuestión de dinero. En enero de 2009, en la comparecencia ante la Comisión de Educación y Universidades del Parlamento de Cataluña que dictaminaba sobre el Proyecto de Ley de Educación de Cataluña, propuse que se reconociera el derecho de los centros educativos a expresar sus aspiraciones por lo que hace los entornos de aprendizaje, entendiendo de manera muy amplia este concepto. La construcción de un nuevo centro educativo es la máxima oportunidad en este sentido. La idea es que las comunidades educativas deben poder expresar sus planteamientos en relación a las actuaciones de construcción y remodelación de centros, incluyendo sus acabados y equipamientos. Profesores y alumnos deben estar a gusto en los centros educativos y poder sentirse como algo suyo. La arquitectura y las instalaciones impactan en el trabajo educativo, el aprendizaje, el comportamiento y el ambiente del centro. Los directores y directoras lo saben perfectamente y conscientes de su responsabilidad en este sentido, sólo pretenden ejercerla. Las "aves de paso" también tienen derecho a opinar.

Ferran Ruiz Tarragó

frtarrago@gmail.com
http://www.xtec.cat/~fruiz/

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1 comentario

Gaspar -

Totalmente de acuerdo Ferrán. Los planteamientos arquitectónicos nos encasillan y nos estabulan en unidades organizativas que hace años que se ven, cuanto menos, insuficientes. Han cambiado muchas propuestas metodologicas y podráin cambiar mucho más, si se prestara algo de atención a los docentes que quieren y tiene algo que decir. Claro que somos "aves de paso". ¿Y quien no?. ¿Los gestores y arquitectos no?. Pero si no prestaramos atención a las necesidades, seguiriamos teniendo hospitales de nave única o no existirían los multicines. Pero es que ahí se atiende a los implicados. Ojala veamos algún cambio en esa dirección también.
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